¡Oh, mar de todos los días, mar montaña, boca lluviosa de la costa fría!
Blanca Varela Ese puerto existe
Mirar hacia el paisaje como un emblema de arraigo y memoria.
Cuando rememoramos un espacio añorado nos relacionamos con un lugar que sólo existe en nuestra mente. Los lugares a los que volvemos ya nunca son los mismos; nuestra percepción de ellos ha cambiado o han sido transformados por la naturaleza o por el ser humano.
Rememoro mi paisaje de la adolescencia, hago mi propia abstracción de ese paisaje. Desenredo los hilos, los ordeno para poder entrelazarlos, para poder tramar como en una lucha diaria de volver a construir mi propio espacio. Construyo un nuevo territorio que incluye pedazos de memoria y que será mi paisaje añorado de un futuro.
Estos pequeños tapices se sostienen sobre el mismo marco de madera en el cual fueron tejidos. Cada uno de ellos es la abstracción de un paisaje, la memoria de un espacio. Las urdimbres en algunas zonas están totalmente cubiertas por las tramas y en otras hay espacios libres que permiten una mirada hacia otros paisajes, uniendo así diversas etapas de la memoria.